El síndrome de Asperger es una etiqueta diagnóstica que desapareció con la implantación en 2013 del DSM-5. Aunque el Síndrome de Asperger sea una etiqueta obsoleta, hay que entender que únicamente ha cambiado la forma de categorizarlo y no de manifestarse, por lo que la condición sigue siendo la misma. Las características que lo definían eran una tríada que consistían en dificultades en el área social, el área comunicativa, además de inflexibilidad mental o comportamental
A la gran diversidad de fortalezas y desafíos que se presentan en cada caso. Las personas con autismo pueden compartir similitudes en algunos comportamientos, pero ningún caso de autismo es igual a otro.
El autismo no es una enfermedad, no tiene cura, es una manera diferente de interpretar el mundo. Es una condición neurobiológica congénita que afecta la comunicación, la interacción social, el comportamiento y el aprendizaje de las personas.
Es muy importante encontrar un profesional capacitado y con mucha experiencia en el diagnóstico de la condición. No existe una prueba médica específica para detectarlo. El diagnóstico adecuado se basa en la historia clínica, en la aplicación de pruebas psicológicas estandarizadas, cuestionarios diagnósticos y observación clínica del comportamiento y sintomatología.
Las causas se desconocen, sin embargo, se cree que es un componente genético detonado por un factor externo, es decir, se puede tener la predisposición genética a la condición y si se le agregan “factores ambientales” la condición puede hacerse evidente. Desafortunadamente aún se desconocen cuáles son dichos factores.
Debido a esta gran variedad en el espectro autista, no es posible calificar a una terapia o intervención como “la mejor”, cada una funcionará diferente en cada persona ya que cada caso es distinto, por ello es indispensable que el especialista oriente con una terapia o intervención personalizada y especializada a las necesidades particulares de cada persona.
Las personas con autismo no viven en su mundo, mundo sólo hay uno y ellos son parte de este.
Las personas en el espectro autista tienen sentimientos definitivamente, aunque pueden tener dificultades identificándolos y discutiéndolos. De hecho, muchos sentimientos –como miedo, enojo y alegría- parece que son experimentados con más intensidad por las personas con autismo que por las personas “neurotípicas”. Adicionalmente, algunos individuos autistas reportan que pueden incorporar los sentimientos de los demás, de manera que, si alguien más está enojado, ellos se sienten enojados rápidamente.
Algunos adultos con autismo pueden tener vidas completamente independientes. Otros necesitan apoyo, particularmente en áreas de limpieza de la casa, manejo del dinero y preparación de alimentos; otros necesitan apoyo más significativo en el arreglo de su vida. No hay una manera confiable para predecir el nivel de apoyo que necesitaría un niño para cuando llegue a la adultez.